Antes yo salía a hacer mandados, pero ya sé que solo debo estudiar, por eso dejé de hacerlos, y ya solo estudio… solo me preocupo por hacer los talleres, que me queden bien, pasar cada grado para salir lo más pronto posible del colegio, y ser un universitario. Me gustaría estudiar construcción, para cuando sea grande construirle una casa a mi mamá.

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Según la Organización Internacional del Trabajo -OIT, el trabajo infantil se trata de toda actividad que prive a los niños y niñas de su infancia, su potencial y su dignidad, y que sea perjudicial para su desarrollo físico y psicológico.  De esta manera, aunque no todas las tareas que realicen los niños y las niñas pueden considerarse como trabajo infantil, cuando estas afectan su derecho a la recreación, o a la educación, probablemente estemos ante la ocurrencia de esta problemática.

Uno de los últimos informes de la OIT sobre este tema indica que, en el mundo, alrededor de 1 de cada 10 niños está en situación de trabajo infantil. En Colombia, según el DANE, son 400.000 niños y niñas dedicadas a otras actividades diferentes a estudiar, aunque el ICBF indica que son cerca de un millón de niños y niñas en todo el país los que trabajan. En Medellín, solo entre enero y mayo de 2020, la Secretaría de Inclusión Social recibió alrededor de 340 nuevos casos.

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Yo me levanto, primero hago las tareas, me baño, desayuno, almuerzo, y cuando mi mamá me da plata, a veces me voy un ratico a jugar play, y después me devuelvo para mi casa a las 5 o 6 de la tarde. A veces me voy a amanecer a la casa de mi abuelo, y cuando no me voy para allá me voy para mi casa a dormir. Jugar me gusta, el play, pero también me gusta el futbol, chucha cogida, chucha escondidijo…

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“Particularmente este año ha sido complejo, no solo por la pandemia, sino también por el incremento en la ocurrencia de muchas problemáticas que afectan a los niños, niñas y adolescentes. Muchas familias, por la coyuntura, se han visto en la obligación de exponer a sus niños a trabajar para poder resolver asuntos de alimentación o vivienda”, afirma Carolina Peláez, profesional jurídica del SATMED.

Aunque en Colombia existe una legislación al respecto, el trabajo infantil sigue siendo una realidad inminente en nuestros territorios, y se presenta, de manera diferenciada, tanto en el campo como en la ciudad. Una de las principales razones tiene que ver con las condiciones de empobrecimiento, desigualdad y exclusión que persisten en el país. Por ejemplo, para el trimestre de octubre -diciembre de 2019, el DANE reportó que de la población infantil que trabaja, el 37,8% lo hace porque debe participar en la actividad económica de la familia. En ese sentido, Carolina Peláez también explica que el 53% de los reportes presentados en Medellín entre enero y mayo corresponde a población venezolana, que por su situación de vulnerabilidad se ven en la necesidad de trabajar.

El reporte del DANE también indica que el 32,8% de la población infantil que trabaja lo hace para tener su propio dinero. Esto último, por su parte, está relacionado con que culturalmente el trabajo infantil se ha normalizado o no se ha visto como algo que vulnere los derechos de niños, niñas y adolescentes. Según un artículo sobre el trabajo infantil, publicado en el 2013 por la Escuela Nacional Sindical, existe un “imaginario que establece que la realización de actividades laborales desde temprana edad, le posibilita al ser humano [acrecentar] el sentido de la responsabilidad y desarrollar habilidades y competencias que le servirán para desenvolverse mejor en la vida. De ahí la tendencia a ver el trabajo infantil como algo natural”.

Así mismo lo plantea Carolina Peláez, quien considera que “se naturalizan mucho esas acciones de los niños y las niñas que finalmente se constituyen en trabajo infantil, pero una pista que nos permite reconocer esta problemática es que el niño o la niña no esté estudiando, porque ese es el primer derecho que se ve violentado”.  

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A mí me han pasado muchas cosas, y de eso saco una cosa buena para hacerla yo mismo. Yo cambié mucho… desde los 9 años que me empezaron a pasar cosas yo cambié mucho. Ahora estoy contento, más que antes. Vivo con mi mamá, a mi papá no lo llegué a conocer. Ahora estoy estudiando virtual, y la profe me está mandando felicitaciones, que ya tengo el año ganado.  Me da dificultad el inglés. La que más sé, es matemáticas. Yo investigo cosas, me voy para los computadores e investigo cosas de la matemática y todo eso. Yo busco también las carreras de grande, y de ahí quiero sacar una carrera para elegir, que yo conozca y que sé que me va a gustar de grande.

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Del total de casos reportados en Medellín en el periodo mencionado, “241 corresponden a trabajos peligrosos que, por su naturaleza y condiciones, ponen en riesgo la salud, la integridad y otros derechos de la población infantil, mientras que 100 corresponden a trabajos ilícitos, dentro de los que se hallan las actividades asociadas a la esclavitud, como el matrimonio servil y la explotación sexual comercial, siendo las niñas las más afectadas, con 87 casos”, informó la Alcaldía de Medellín.

Además, según explica Peláez, los lugares con más ocurrencia de estas problemáticas son la Comuna 10, donde confluyen la mayor cantidad de actividades económicas, y las zonas periféricas, como la Comuna 1, la Comuna 8, y las partes altas de las Comunas 6 y 7. Allí entonces se da el trabajo infantil en su expresión urbana, relacionado con actividades de servicio en bares, restaurantes, hoteles, casinos, o a personas, también con la mendicidad, y en otros casos asociados a la presencia de grupos ilegales. Sin embargo, el trabajo infantil también sucede en los corregimientos o zonas rurales de Medellín, asociado a labores del campo:

“Aquí hay que hacer un énfasis en lo que se presenta en la ruralidad, donde quizá por las prácticas o costumbres de la vida rural, los chicos y las chicas prestan apoyo a labores domésticas, y es como normal ordeñar, sembrar, pero también hemos empezado a identificar que muchas veces estas prácticas ya no constituyen solo un asunto de apoyo en el hogar, sino que está representando un trabajo que les está generando ingresos, y que a su vez está poniendo en riesgo su derecho a la educación y otros derechos como la recreación, a poderse juntar en otros espacios adecuados para  su momento del ciclo de vida”, afirma Peláez.

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Yo perdí un año, tercero. Cuando le dije que me gustaba hacer mandados, yo no le paraba bolas a la clase, a la profesora, pensando que a qué hora iba a salir para hacer mandados. Yo no me concentraba nada. Después me empecé a comportar bien, empecé a sacar buenas calificaciones, y ya estoy que voy para quinto. Hace dos años hago parte de Con-Vivamos, que fue cuando yo empecé a recapacitar. He aprendido muchas cosas, como que no debemos tirar basuras al barrio, y que debemos respetar a los demás. También he aprendido que los niños no deben trabajar, y que hay personas malas que abusan de los niños.

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Para que los niños y las niñas puedan transitar adecuadamente su proceso cognitivo, desarrollen sus habilidades, y aprendan a comunicarse y desenvolverse en el mundo social, resulta fundamental garantizar su acceso a la educación, a la recreación, a la socialización con otros niños y niñas, así como a un ambiente sano, a la salud, a una vivienda, y en general a todos sus derechos fundamentales.

Sin embargo, plantear estrategias de prevención frente al trabajo infantil, y hacia la garantía de todos sus derechos, implica asuntos estructurales como la eliminación de las desigualdades y la exclusión social, para que, por ejemplo, los adultos tengan acceso a un trabajo digno que les permita brindar bienestar a sus niños y niñas. Es por eso que, en todo caso, el foco de cualquier medida a tomar frente a una situación de trabajo infantil deberá estar en primer lugar en la familia. “Se debe hacer un trabajo integrado, articulado, no solo enfocado en el niño o la niña, sino en el núcleo familiar. Fortalecer los espacios de encuentro, pero también los ingresos económicos del hogar. Así mismo, posibilitar el regreso del niño o niña al entorno educativo es fundamental”, afirma Carolina Peláez.

Pero el trabajo infantil no es solo un problema familiar, sino que nos afecta como sociedad, por lo que es deber de todos y todas velar por la garantía de los derechos de las niñas y los niños. Las estrategias de acompañamiento comunitario juegan un rol importante, pues desde allí se generan espacios de socialización, y entornos protectores que permiten a los niños y las niñas el reconocimiento de los riesgos, así como de sus derechos. Incentivar su participación en actividades lúdicas o de formación extracurricular y desde lo cotidiano asumirnos como agentes protectores, podrían ser pequeños aportes que cambien la realidad de nuestros entornos cercanos.

Es por eso que si usted conoce un caso de trabajo infantil, puede reportarlo en el Sistema de Alertas Tempranas de Medellín, https://www.medellin.gov.co/satmed – pestaña Alértanos, o en la línea 123 social, donde inmediatamente se activará la atención para verificar el estado o la situación del niño o la niña, así como del grupo familiar, y dependiendo del caso, será un comisario de familia o un defensor de familia quien atienda el caso y acompañe el restablecimiento de derechos, con rutas que contemplan el acompañamiento familiar para que el niño o la niña pueda jugar y estudiar, sin tener que trabajar. 

*Este texto incluye el testimonio anónimo de un niño de 11 años de nuestra ciudad, quien gracias al acompañamiento familiar y comunitario pudo enfrentar el riesgo de trabajo infantil en que se encontraba.

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