“Comenzaremos esta, nuestra historia, llevando la memoria a través del tiempo hacia la década de 1960 en donde ocurrió una de las olas migratorias procedentes de diferentes áreas rurales del país, a causa de la guerra bipartidista de la década anterior y la demanda de mano de obra producida por el comienzo de la industrialización antioqueña”.

Con este contexto, el colectivo Klan Ghetto Popular (KGP) inicia su relato sobre la construcción de los barrios populares, a través de la publicación “¿Quién dijo yo? Recuperación del convite como práctica comunitaria en la comuna 1 Popular de Medellín”.  

Se trata de una investigación que “surge a partir de varias incógnitas que teníamos en el colectivo KGP sobre nuestra herencia histórica y nuestra herencia cultural.  Es un interés por entender las lógicas de cómo se ha formado territorio, y de unas dinámicas muy bonitas desde su fundación, como son la solidaridad, la colaboración y el trabajo comunitario, que fue lo que hizo que la comuna se desarrollara, y que hace que tenga en estos momentos esa identidad y esa herencia de resistencia”, explica Juan Obed Yepes, más conocido en el mundo artístico como Jackgo, quien es integrante de KGP y participante de este proceso investigativo. 

“¿Quién dijo yo?” se refiere entonces al convite, práctica que no es ajena para quienes han habitado y construido el territorio en la Comuna 1, porque sin esta no existirían las casas, las calles, las canchas o los caminos que dieron vida a esta parte de la ladera nororiental de la ciudad de Medellín. Convite significa trabajo colectivo, o como se nombra en uno de los capítulos de esta investigación, significa “resistencia, protección y alegría”.

Dinámicas del convite en la Comuna 1

“Las personas que llegaban desplazadas, con necesidades y que no tenían nada, eran recibidas con mucha alegría, con mucha amabilidad, les daban comida, les ayudaban a instalarse, pero era también un sentido de apoyo mutuo, porque nos dimos cuenta que en esa época de poblamiento irregular, era como que yo te ayudo porque tienes toda la necesidad, pero también necesito que vos vengas a vivir a esta montaña que estamos poblando, para que cuando lleguen los carabineros, la policía o el ejército a sacarnos, seamos más los que nos podamos defender”, relata Jackgo como uno de los principales hallazgos de esta investigación.

Y fue por ese sentido de apoyo mutuo que se fueron creando lazos de solidaridad, y además, unas dinámicas propias del convite, de las que esta investigación resalta aspectos como la “acción colectiva y la división del trabajo”, con lo cual fue posible el sostenimiento de la vida y responder a las necesidades que surgían al habitar el territorio: se conformaron espacios organizativos para gestionar las mejoras de infraestructura en casas, calles, y el acceso a servicios públicos, todo esto posible gracias a la autogestión y el compartir de conocimientos. Aquí se resalta entonces el rol de las mujeres como gestoras y ordenadoras de estas acciones, así como el rol de los párrocos en el fortalecimiento de los lazos comunitarios.

Otro punto relevante que destaca esta investigación es el valor del arte en el convite. “Es una cultura campesina la que llega acá, una cultura de personas alegres, analfabetas y con un gran poder de trabajo. Entonces encontramos que en los años 60 fue la música un gran elemento de transformación, y la función del artista en el territorio era vital”, explica Jackgo, quien relata que para esta época identificaron la figura de “El Merendero”, un músico que por lo general tenía otro trabajo, pero que los fines de semana salía con su guitarra a cantar. Así pues, en los convites podía ser también uno de los participantes, que al finalizar regresaba con su guitarra para animar a la gente, generar integración y fomentar la construcción comunitaria.

Entender el pasado para construir el futuro

“No sabemos para dónde vamos si no sabemos de dónde venimos — afirma Jackgo—. Este es un trabajo inacabado al que hay que seguirle dando fuerza para que la gente entienda su proceder y la construcción del territorio, y más allá de decir que es un barrio popular, es entender qué nos llevó a ser eso. Queremos que estas reflexiones le atraviesen a la gente el cuerpo para que lleve a acciones propias”.

Es por eso que la meta de KGP no es solo comprender cómo surge el territorio y cómo se dieron los convites, sino resignificarlos para seguir aportando a la transformación de un territorio, que 60 años después de su fundación, tiene unos de los déficits más altos en materia de vivienda, infraestructura, servicios públicos y seguridad alimentaria, ante la vista de un Estado que aún no asume completamente sus responsabilidades para garantizar los derechos básicos de sus habitantes. 

Compártenos tu opinión