El sábado 3 de julio, líderes y lideresas de procesos comunitarios y de víctimas sobrevivientes, habitantes de las comunas 1, 3, 6, 7, 8, y 13 de Medellín, y de la vereda Granizal de Bello, dieron inicio a un proceso que busca reconocer iniciativas de memoria y paz territorial, y construir propuestas colectivas para entregar a la Jurisdicción Especial para la Paz – JEP, como un aporte para que Medellín se constituya en una experiencia significativa de paz y reparación.  

La Escuela de Memoria y Paz Territorial, impulsada por el proceso de Memoria Colectiva y Paz Territorial de la Zona Nororiental de Medellín, investigadores académicos de la Universidad de Antioquia y la Corporación Con-Vivamos, abordará las implicaciones del conflicto armado en la ciudad, así como todo lo que ha representado la búsqueda de la verdad, y la construcción y defensa de los territorios. Además, incorpora un enfoque de género, para fortalecer la incidencia de las mujeres y resaltar su rol como gestoras de paz en los territorios.

Según Paula Vargas, docente de trabajo social de la Universidad de Antioquia, “este espacio busca generar una narrativa conjunta frente a lo que ha representado precisamente vivir la violencia, pero especialmente enfrentarla, y poder permanecer en los territorios y defenderlos”.

Justamente los barrios populares de borde urbano rural de Medellín y de manera específica los de la Zona Nororiental, donde tiene lugar esta escuela, han sido territorios donde sus habitantes han vivido de manera significativa las afectaciones del conflicto, no solo por los repertorios de violencia en la ciudad, sino porque allí se han asentado miles de personas desplazadas de diferentes regiones del país. Solo para la Comuna 3 se estima que son 31.000 las víctimas de desplazamiento forzado. Es en estos barrios populares donde también se han generado repertorios de resistencia, construcción de paz, y propuestas de reparación.

“Esta escuela es para poder construir paz y memoria, que es lo que más hemos querido tener. Para mí es muy importante atraer muchas mujeres, que somos las que más hemos sufrido la violencia, porque en la época de desplazamientos perdimos los esposos, los hijos, y somos nosotras las que llegamos acá, a reconstruir movimientos de paz y trabajos sociales”.

Mónica Benítez, habitante del barrio La Honda (Comuna 3), lideresa de víctimas e integrante del grupo Mujeres Mándalas.

Por su parte, Fabián Rojas Pineda, integrante de la Subsecretaría de Construcción de paz territorial de la Secretaría de la No-Violencia, considera que “esta escuela es muy importante porque articula muchos esfuerzos de organizaciones comunitarias que han venido construyendo paz desde los territorios, además es la oportunidad para construir un tejido social que tiempo atrás se rompió por culpa del conflicto armado urbano”.

De esa manera, la iniciativa pretende además “identificar cuáles van a ser las medidas restaurativas y de reparación territorial que van a constituir los dos documentos que vamos a entregar a la JEP, con el fin de generar una incidencia social y política, en tanto sea posible lograr esa restauración y esa justicia que tanto víctimas, pobladores y pobladoras han venido reclamando históricamente en esta ciudad”, explicó Paula Vargas.

Con ese fin, tras el inicio de la escuela, el proceso de Memoria Colectiva y Paz Territorial, con el acompañamiento del CONPAZ, realizó un diálogo con el enlace territorial de la JEP para Antioquia, en cabeza de Sandra Alfaro, donde se abordó la posibilidad de abrir un caso urbano para Medellín dentro de esta instancia, con el propósito de generar esclarecimiento de los hechos victimizantes y acceso a la justicia restaurativa para las víctimas del conflicto que hoy están en la ciudad. Allí se propuso además realizar un encuentro entre organizaciones que han presentado informes a la CEV y a la JEP, para avanzar en la reflexión sobre afectaciones, resistencias y medidas de reparación desde las mismas víctimas.


La Escuela tiene como referentes las experiencias de algunas organizaciones de víctimas sobrevivientes, el proceso investigativo Tejiendo los Hilos de la Memoria, la Escuela Territorial de Barrios de Ladera, y los informes de memoria histórica ‘El Vuelo de las Mariposas’ y ‘La Luz de las Luciérnagas’ entregados recientemente por el proceso de Memoria Colectiva y Paz Territorial de la Zona Nororiental, al Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, a la Agencia de la ONU para los Refugiados – ACNUR, y a la Secretaría de la No-Violencia de la Alcaldía de Medellín.

Cuenta con el apoyo de OXFAM, el Ayuntamiento de Barcelona, Paz con Dignidad, la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo, y Misereor.

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